Secretos para Contar lleva lectura al campo antioqueño
Por Margarita Rico

Secretos para Contar lleva lectura al campo antioqueño

Secretos para Contar: libros y lectura en Antioquia rural

La Fundación Secretos para Contar, impulsada por Lina María Mejía, desarrolla desde 2004 un programa de promoción de lectura dirigido a las comunidades rurales de Antioquia. Un perfil publicado por El País el lunes 19 de octubre reporta que la iniciativa ha distribuido 8,8 millones de libros y llegado a 519.000 familias, con presencia en los 125 municipios del departamento. La fundación confirma en su propia historia que nació para responder a la falta de libros y recursos educativos en los hogares y escuelas rurales.

¿Cómo nació Secretos para Contar?

La Fundación Secretos para Contar surgió en 2004 a partir de una pregunta sobre el acceso al conocimiento en las comunidades rurales: qué podían leer las familias campesinas cuando no tenían libros a su alcance.

Según la historia institucional de la fundación, las primeras exploraciones encontraron hogares rurales con escaso material impreso y escuelas con bibliotecas limitadas. La organización decidió crear un proyecto educativo que produjera contenidos y actividades ajustados a las necesidades de quienes viven en el campo.

El perfil publicado por El País el 19 de octubre destaca el papel de Lina María Mejía en el desarrollo de la iniciativa. La publicación presenta su trayectoria como empresaria, editora y promotora cultural, y señala que el proyecto se construyó junto con Tita Maya y otras personas comprometidas con la educación rural.

El origen de la fundación es relevante porque su propuesta no se limita a transportar libros producidos para públicos urbanos. El proyecto busca desarrollar materiales que tengan relación con la vida cotidiana, los saberes y las preguntas de las comunidades campesinas.

La historia institucional indica que la organización orienta su trabajo a valorar los conocimientos tradicionales, fortalecer el acceso a la lectura y generar experiencias educativas y culturales que contribuyan al bienestar de los habitantes del campo colombiano.

¿Por qué la fundación produce sus propios libros?

De acuerdo con el perfil publicado por El País, el equipo descubrió que parte de la literatura disponible no reflejaba suficientemente las realidades y los intereses de las familias rurales. Esa conclusión llevó a la organización a producir y editar sus propios materiales.

La publicación señala que la fundación cuenta con 31 tomos elaborados mediante un proceso que recoge saberes e inquietudes de las comunidades, los transforma en contenidos y los devuelve a los territorios. El material se entrega sin costo a sus destinatarios, según el reportaje.

Este enfoque supone una relación entre lectura y reconocimiento cultural. Las historias, los conocimientos locales y las experiencias de la ruralidad pueden convertirse en puntos de partida para acercar a niños, jóvenes y adultos a los libros.

La producción de materiales propios también exige una logística editorial: identificar temas pertinentes, desarrollar contenidos, preparar las publicaciones y organizar su distribución.

La página institucional de la fundación presenta programas de promoción de lectura, libros y materiales educativos, guías para maestros y recursos digitales. Esa oferta permite observar que la iniciativa combina los libros físicos con otros instrumentos de apoyo pedagógico.

Sin embargo, para dimensionar el impacto de cada colección sería necesario conocer cuántos títulos se entregan a cada hogar, qué frecuencia tiene la distribución y cómo se evalúa el uso de los materiales después de su llegada a las comunidades.

¿Hasta dónde ha llegado el programa?

El perfil de El País reporta que la fundación ha distribuido 8,8 millones de ejemplares y llegado a 519.000 familias en los 125 municipios de Antioquia. La publicación también indica que los libros están presentes en 4.200 veredas del departamento. Estas cifras deben atribuirse a ese reporte hasta que se contraste su metodología y fecha de corte con el informe institucional correspondiente.

La fundación confirma en su página de gestión que ha llegado a los 125 municipios y ha trabajado en 4.200 veredas. Esa misma página estima que en esas veredas viven aproximadamente 213.000 familias.

Los dos indicadores no deben compararse directamente sin revisar cómo fueron calculados. El número de familias que habitan las veredas atendidas no necesariamente equivale al total de hogares alcanzados a lo largo de la historia del programa. También es necesario conocer si las cifras incluyen entregas sucesivas, colecciones adicionales o beneficiarios fuera de Antioquia.

La diferencia entre indicadores no permite concluir por sí sola que exista un error, pero sí exige que la publicación identifique con claridad qué mide cada cifra y a qué periodo corresponde.

El alcance territorial, en todo caso, es significativo para entender la dimensión logística del proyecto: distribuir libros en áreas rurales dispersas implica llegar a lugares que pueden estar alejados de las carreteras principales y de los centros urbanos.

¿Qué dificultades supone llevar libros a las veredas?

El reportaje de El País describe rutas de distribución que incluyen caminos de tierra y desplazamientos por agua, además del uso de diferentes medios de transporte. La fundación también señala en su historia institucional que llegar a los hogares rurales puede requerir apartarse de las vías principales y seguir ríos o caminos de montaña.

Estas condiciones muestran que el acceso a la lectura no depende exclusivamente de la disponibilidad de libros. También requiere una red logística capaz de llevarlos hasta las escuelas y hogares.

El trabajo con docentes constituye otra parte del programa. Según El País, las visitas de la fundación incluyen espacios de formación y encuentros con familias, estudiantes y maestros. La organización también publica materiales de apoyo para docentes y desarrolla actividades de promoción de lectura.

La continuidad de esas actividades es importante porque la lectura se construye mediante el uso de los materiales, el acompañamiento pedagógico y la posibilidad de compartir experiencias en la escuela y el hogar.

No obstante, la información pública consultada no permite determinar cuánto cuesta distribuir cada colección, cuántas visitas se realizan anualmente ni qué proporción del presupuesto se destina a transporte, producción editorial o formación docente.

Esos datos ayudarían a evaluar la sostenibilidad de una iniciativa que busca mantener su presencia en territorios dispersos.

¿Qué dicen las mediciones de impacto sobre la lectura?

El País reportó que, al inicio del proyecto, el 24 % de las familias tenía el hábito de leer al menos una vez al mes y que para 2024 más del 78 % leía diariamente o cada semana. La publicación atribuye estos resultados al proceso de promoción de lectura de la fundación.

La página institucional de Secretos para Contar confirma que la organización realiza evaluaciones de impacto con entidades externas y presenta mediciones de distintos años, incluidas las de 2020 y 2023. La evaluación de 2023 se atribuye a la Universidad EAFIT.

Sin embargo, los porcentajes citados en el perfil no aparecen desglosados en la página general de mediciones consultada. Para publicar esas cifras como un resultado plenamente contrastado, conviene localizar el documento específico, identificar la muestra, conocer las preguntas utilizadas y establecer si los porcentajes corresponden a una comparación entre los mismos hogares.

Una evaluación de impacto debe permitir distinguir entre la presencia de libros, la frecuencia de lectura y los cambios que pueden atribuirse al programa. Esas variables están relacionadas, pero no son equivalentes.

La medición institucional y la explicación de su metodología son necesarias para que los lectores comprendan qué representa el resultado y cuáles son sus límites.

¿Cómo se conecta la lectura con la educación superior rural?

El perfil de El País también señala que la fundación participa desde 2017 en la Alianza por la Educación Rural para Antioquia, conocida como ERA. Según la publicación, iniciativas como U en el Campo buscan que los jóvenes puedan continuar sus estudios sin abandonar sus territorios. El reportaje reporta presencia en 31 municipios y 2.141 estudiantes vinculados a esas iniciativas.

Esta línea de trabajo amplía el alcance del proyecto más allá de la lectura infantil o familiar. La educación rural enfrenta desafíos que incluyen la continuidad de los estudios, el acceso a instituciones de formación y la posibilidad de desarrollar proyectos de vida sin que la migración sea la única alternativa.

La información disponible no permite afirmar que todos los estudiantes vinculados a la iniciativa hayan completado sus estudios ni que el programa haya eliminado las barreras de acceso a la educación superior.

Para evaluar esos resultados sería necesario conocer las tasas de permanencia, graduación, inserción laboral y continuidad educativa de los participantes.

La alianza, no obstante, representa un componente adicional del trabajo que la publicación atribuye a la fundación: articular recursos públicos y privados para ampliar las oportunidades educativas en las comunidades rurales.

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  • 19 de octubre de 2026

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